Seguramente conocen una historia similar.........
Uno de los fracasos terapéuticos más comunes sucede cuando trabajamos con personas que realmente no consideran que tienen problemas o que piensan que los problemas que tienen se deben a otros, la escuela por ejemplo.
No es una solución hablar con Jorge solamente de los problemas que le provocan sus papás, sus maestros o sus compañeros, pues dificilmente va a suceder un cambio de esta manera. Tampoco es una solución tratar de convencer a Jorge que tiene un problema, pues simplemente vamos a evocar la misma resistencia que provocan los maestros o familiares que tratan de cambiarlo.
Lo que podemos hacer es trabajar con su motivación al cambio.
La primera etapa de la motivación es la Precontemplación: el paciente no considera que tiene problemas. Por ello lo único que podemos hacer es ayudarle a que realice, reconozca, admita, se concientice etc. que tiene un problema Si lo logramos, el paciente pasa a la etapa de Contemplación en la que ya admite que tiene un problema.
En el caso de Jorge podemos explorar varios problemas que podrían ser significativos para él:
Jorge tiene 16 años, tiene muy bajas calificaciones en la escuela y llega a terapia obligado. Las autoridades escolares están condicionando su reinscripción para el siguiente año escolar. Ni Jorge ni sus padres están convencidos de la necesidad de acudir a terapia.
Para Jorge sus bajas calificaciones se deben a "la flojera" pero está convencido de que en el último bimestre todavía tiene oportunidades para salvar el año. Para los papás de Jorge, el problema radica en las malas amistades de Jorge, en la rigidez de Jorge y en su flojera. Nada que requiera un tratamiento terapéutico.
Solo para los maestros y otras autoridades de la escuela la terapia tiene sentido. Los padres de Jorge no ponen límites adecuados e ignoran los serios problemas de Jorge. También opinan que Jorge es muy indisciplinado, revoltoso e inmaduro. No trae sus tareas a la escuela, frecuentemente falta a clases, llega tarde y no pone atención.
Uno de los fracasos terapéuticos más comunes sucede cuando trabajamos con personas que realmente no consideran que tienen problemas o que piensan que los problemas que tienen se deben a otros, la escuela por ejemplo.
No es una solución hablar con Jorge solamente de los problemas que le provocan sus papás, sus maestros o sus compañeros, pues dificilmente va a suceder un cambio de esta manera. Tampoco es una solución tratar de convencer a Jorge que tiene un problema, pues simplemente vamos a evocar la misma resistencia que provocan los maestros o familiares que tratan de cambiarlo.
Lo que podemos hacer es trabajar con su motivación al cambio.
La primera etapa de la motivación es la Precontemplación: el paciente no considera que tiene problemas. Por ello lo único que podemos hacer es ayudarle a que realice, reconozca, admita, se concientice etc. que tiene un problema Si lo logramos, el paciente pasa a la etapa de Contemplación en la que ya admite que tiene un problema.
En el caso de Jorge podemos explorar varios problemas que podrían ser significativos para él:
¿Es un problema que repruebe el año escolar?Si Jorge encuentra significativo alguno de estos temas, el terapeuta habrá encontrado el camino para trabajar con Jorge,
¿Es un problema que tenga que ir a otra escuela?
¿Le preocupa su futuro profesional?
¿Le parece importante ir a la escuela?
¿Le parece importante que sus padres se enojen o lo castiguen, o se decepcionen de él?
¿Quiere conservar a sus amigos?
